Meskel: La celebración de la Santa Cruz en Etiopía

Meskel, la Fiesta de la Santa Cruz, es una de las celebraciones más significativas de la Iglesia Ortodoxa Etíope Tewahedo. Cada 27 de septiembre (28 en años bisiestos), millones de fieles se reúnen para conmemorar el hallazgo de la Verdadera Cruz, el instrumento de la crucifixión de Jesucristo. En 2013, la UNESCO reconoció esta festividad como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, subrayando su profundo valor espiritual y cultural.

La palabra Meskel significa “cruz” en ge’ez, lengua litúrgica etíope. La tradición relata que en el siglo IV, la emperatriz Helena —madre del emperador Constantino— buscó la cruz de Cristo en Jerusalén. Tras recibir una revelación divina, encendió una hoguera cuya dirección del humo la condujo al lugar donde estaba enterrada. El fuego de Meskel simboliza esa luz celestial que guía a los creyentes hacia la fe verdadera.

En la espiritualidad etíope, Meskel también marca un tiempo de renovación y de esperanza, pues coincide con el inicio de la estación de las flores tras las lluvias, una metáfora de la vida nueva en Cristo.

El corazón de la celebración es el Demera, una gran hoguera erigida en plazas y espacios abiertos. Está adornada con ramas verdes y flores amarillas llamadas meskel. Antes de encenderla, sacerdotes y diáconos realizan oraciones y cánticos, vestidos con túnicas litúrgicas bordadas en oro.

Cuando las llamas se elevan, el humo es interpretado como una señal divina: la dirección en que se mueve anuncia bendiciones para el año venidero. Los fieles cantan, bailan y levantan cruces, creando un ambiente de fervor religioso y de comunidad.

Aunque es una fiesta profundamente religiosa, Meskel también fortalece la cohesión social. Familias y comunidades se reúnen, comparten comidas tradicionales como el injera acompañado de guisos, y reciben a visitantes con hospitalidad. El día se vive como una celebración de unidad nacional, que trasciende diferencias étnicas o regionales.

Meskel no es solo una tradición antigua, sino un testimonio de la continuidad de la fe etíope a lo largo de más de 1.600 años. Su carácter de patrimonio vivo la convierte en una celebración única, donde lo sagrado, lo cultural y lo comunitario se entrelazan en una experiencia que refuerza la identidad espiritual del pueblo etíope.

País: Etiopía

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